Siguiendo las Huellas de Jesús

Nuestra primera misión como escuela de la Iglesia es el anuncio de que Jesús ha resucitado y nos ha dado vida eterna porque nos ama con un amor infinito. Esa noticia debe atravesar toda la actividad escolar: lo que enseñamos, cómo enseñamos, cuál es el trato entre pares… Pero sobre todo, cuál es nuestra respuesta frente a los múltiples desafíos del mundo actual.

Esto es lo que nos hace originales, lo que nos da nuestra marca identitaria como escuela de la Iglesia: nuestra misión evangelizadora. La posibilidad de anunciar a Dios por todos los medios y en todas las ocasiones.

Los cristianos debemos responder siempre desde la mirada evangélica: recibir la vida como viene, la de los otros y la propia, con una mirada de esperanza confiada en un Padre que no nos abandona. Esto es lo que estamos llamados a mostrar con nuestra voz, pero sobre todo con nuestras acciones.

Los creyentes sabemos que caminamos con Jesús, y que nuestra vida está llamada a la trascendencia. Es decir, dejar huellas en los demás con nuestras acciones, dejar huellas de amor en los corazones de los que nos rodean, en los lugares en los que estamos, en los seres con los que convivimos.

En ese marco, creemos muy importante destinar un espacio dentro de la jornada escolar a la reflexión sobre nuestras vidas, nuestro vínculo con Jesús y nuestra mirada sobre qué significa ser alumno de Santa Marta. Estos momentos son fundamentales: los chicos aprenden de lo que hacemos, y lo que hacemos es detenernos a pensar y a rezar nuestra vida en comunidad.

Por eso, el viernes 26 de junio destinamos nuestra jornada escolar a pensar lo importante: cuánto nos quiere Dios y de qué variadas maneras podemos abrazar al otro como hermano, dejando nuestra huella.

Los tres niveles educativos pudieron trabajar distintas miradas sobre el tema: “Jesús camina conmigo” (Inicial); “Mis huellas pueden hacer el bien” (Primario) y “Qué huella quiero dejar con mi vida” (Secundario)

Fue una actividad de reflexión profunda, de emoción y también de inmensa alegría por sabernos abrazados por Dios y parte de una comunidad que nos ama y nos sostiene. El cierre fue una verdadera fiesta de la Vida, con oración y canciones, con los tres niveles juntos.

Damos gracias al equipo de catequesis y pastoral por la organización, al Padre David que nos acompañó y a todo el cuerpo docente y directivo por su disposición y alegría en el compartir.

Damos gracias a Dios por tenernos siempre de su mano, por permitirnos estos espacios y e pedimos que se multipliquen estos dones en nuestra escuela.

La actividad estará coordinada por el departamento de Catequesis y la desarrollará cada docente en el aula. Les pedimos que recen mucho para que este momento sea fecundo y transforme los corazones de todos los que formamos esta escuela.


